Las políticas educativas que desde hace tiempo han maltratado las asignaturas de música en Primaria y Secundaria, tuvieron, el pasado 16 de diciembre, una buena ocasión para la reflexión. En el Teatro Pavón, se reunió una orquesta de 180 niños entre 7 y 11 años, pertenecientes a los colegios La Paloma, San Idelfonso, Vázquez de Mella y La Salle la Paloma.

Esta orquesta ha sido organizada en el marco de las actividades extraescolares, tirando del heroico voluntarismo de algunos profesores y padres, que se han matado a trabajar.

La sala estaba abarrotada y las entradas agotadas. Escuchando el resultado se entiende mejor lo que se está jugando en la enseñanza de la música y por qué es tan necesaria e imprescindible en la formación de los futuros ciudadanos y ciudadanas. Esos 180 niños, saltaba a la vista, habían aprendido a amar la música. Y eso es más importante de lo que parece, también desde un punto de vista político.

Lo que representaron rayaba entre la magia y el milagro. Al terminar el concierto, muchos padres se abrazaban unos a otros, llorando emocionados, con unas lágrimas muy instructivas e interesantes, de las que habla Kant en su Crítica del Juicio, cuando estudia la belleza. Hay un sentimiento que conmueve al alma mucho más que cualquier otro y que sólo se siente ante las cosas bellas y, sobre todo, gracias a la música.

Eso ocurre cuando, de pronto, al decir “esto es bello” (en lugar de “esto me gusta”), sentimos que los demás están sintiendo lo mismo que nosotros. Sentimos que estamos sintiendo con el corazón del otro, de todos los otros. Y tenemos así la certeza de que por las venas de la humanidad entera, corre una misma sangre. Sentimos lo que Robespierre llamó Fraternidad. La Libertad y la Igualdad no son más que un papel mojado sin la Fraternidad. Las tres son imprescindibles para levantar el plano de la ciudadanía.

No hay nada que “eduque para la ciudadanía” mejor que la música. Pues con ella descubrimos que la vida política debe girar entre hermanos y no, así pues, entre padres e hijos, siervos y señores, amos y esclavos, esposas y maridos, feligreses y curas, déspotas y súbditos. El ideal republicano de la fraternidad es el ideal de una población emancipada, en la que las personas son independientes civilmente, de tal manera que no tienen que pedir permiso a otro para existir.

Gracias a la música no sólo sabemos, sino que también somos capaces de sentir, que, cuando seamos mayores de edad, no estaremos destinados a ser siervos, ni hijos, ni esposas, ni esclavos, sino ciudadanos libres, iguales, y civilmente independientes.

Es un suicidio para la escuela pública renunciar a su mejor herramienta para “educar en la ciudadanía”: la música (y, por cierto, también, la filosofía).

Carlos Fernandez Liria, profesor de filosofía y padre de un clarinetista y una saxofonista de la OEB.



Si quieres ver la grabación del concierto completo, puedes hacerlo aquí:

Más videos de las Escuela Orquesta del Barrio aquí: https://orquestaescueladelbarrio.org/videos/

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