La etiqueta puede ser una pesada carga que intenta explicar con una sola palabra, y muchas veces hasta de forma peyorativa, todo comportamiento o actitud de los niños y niñas, que generalmente, no nos gusta.

Anna Llenas, que ha ilustrado en varios libros la educación emocional, nos cuenta la historia de “Topito Terremoto”, un topito inquieto de gran corazón, cargado de etiquetas, huido por sus compañeros, incomprendido, que no entiende que esté haciendo algo mal.

Con la ayuda de una “terapeuta” o “maga del bosque” consigue sacar su potencial desde la comprensión, la confianza y la observación.

Con la correcta ayuda consigue que toda su energía encuentre un carril, cómo los trenes, para no descarrilar y ese carril es su pasión.

Es fundamental conseguir, más que un nombre o descripción de lo que ocurre, un buen diagnóstico y debemos tener claro que a veces no es fácil definir o concretar el mismo ya que muchos niños y niñas pueden presentar más de un ACNEAE, pero es fundamental acertar, sin prisas pero sin pausas, para encontrar el mejor método de trabajo y las herramientas acordes al diagnóstico para trabajar con el alumno o alumna.

El diagnóstico nos ayuda a comprender lo que le pasa al niño o niña a empatizar, mientras que a veces la etiqueta tiende a señalar.

Comprensión, paciencia, firmeza y diagnóstico deben ser las pautas con nuestros niñ@s que se esfuerzan cada día por superarse y superar sus barreras personales y muchas veces, las que ponemos los demás cuando no les entendemos.

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